Historia de nuestra gente

Buscando por la web me he encontrado con esta curiosa historia de una familia de Medinilla que migró y prosperó en la localidad de Guareña, provincia de Badajoz. Quizá alguno de vosotros tengáis algún vínculo familiar con alguna de las personas de las que habla esta historia.
 

"Los Castellanos" son una familia afincada en Guareña desde hace muchos años, que proceden del pueblo de Medinilla, provincia de Ávila, perteneciente a la comarca del Alto Tormes que presenta un peculiar relieve montañoso. Deciden trasladarse a Guareña por las buenas condiciones que ofrece el pueblo: centro geográfico de localidades importantes, posibilidades de negocio para la venta de mulas, clima benigno, y gente trabajadora y acogedora. "¡Nos quedamos aquí!", debieron decir en las primeras décadas del siglo XX.

La historia comienza con Antonino García García, quien nace en 1869 en una humilde familia de la ciudad de Medinilla, localidad al suroeste de Ávila que contaba en esos años con unos mil habitantes. El mayor de dos hermanos, creció con innumerables carencias en este pueblo ya de por sí pobre, pues el minifundismo, una orografía pedregosa y un clima muy frío, a duras penas permitían vivir a quienes tenían tierras para la agricultura y prados para el ganado. No era éste el caso de la familia de Antonino, que se mantenía de animales de corral, algo de caza, productos hortícolas y la venta de algún ternero. En estas tareas ayudó Antonino desde niño sin permitirse siquiera asistir a la escuela.

Inquieto, observador y necesitado, creció en ese entorno hasta ser reclutado para realizar el Servicio Militar. Al término del mismo vuelve a Medinilla y se casa con Amalia Conde Izquierdo en 1894. Del matrimonio nacerían Ascensión, Eleuterio, Ramón, Felisa y Ceferino. Pasan los años y se da cuenta de que su situación económica no podía mejorar allí. Para remediarlo, en 1904 ingresa como obrero en RENFE para trabajar en un tramo de vías que uniría Béjar con Salamanca. Pero al año y medio aproximadamente decidió no seguir en el trabajo. "Éste, refiriéndose al pico de picar piedra que usaba, lo va a levantar mañana otro", dijo el último día que trabajó en la empresa.

Deja Medinilla y decide dedicarse a la compra-venta de diversos productos. Con los escasos conocimientos geográficos que había adquirido en el período militar y en RENFE, comenzó comprando velas, pimentón y tripas en la zona de Plasencia (Cáceres) para venderlos donde escaseaban: Mérida, Oliva de Mérida, Calamonte, Arroyo de la Luz, Guareña y otras localidades de la zona. Con una determinación a toda prueba y con mucho esfuerzo fue saliendo adelante en esta actividad.

Debieron ser años muy difíciles para él y su mujer, Amalia, pues mientras ésta criaba los hijos en Medinilla, él tenía que realizar desplazamientos continuos que le llevaban mucho tiempo. Pero como el negocio le salía rentable, lo continuó hasta incorporar al mismo a sus hijos varones cuando todavía eran niños. Tomó como referencia Oliva de Mérida, pueblo bien situado en el que se hospedaban por períodos cada vez más largos. Desde aquí salían día tras día con sus productos a las localidades cercanas.

¡Nos quedamos!

Antonino, hacia 1920 se sentía con pocas fuerzas para seguir en un trabajo tan ajetreado. Se retira del mismo y se queda en Medinilla, mientras que sus tres hijos varones, Eleuterio, Ramón y Ceferino, continúan "a medias" con nuevos proyectos. Dándose cuenta los hermanos de la demanda de mulas que había en algunas comarcas de Badajoz y de Huelva, deciden dedicarse al "trato" de estos animales. Como conocen muy bien estas zonas por haberlas recorrido con su padre, se percatan de las buenas condiciones que les ofrece un pueblo como Guareña: centro geográfico de localidades importantes, posibilidades de negocio, clima benigno y gente trabajadora y acogedora. Como ya se habían independizado no tuvieron ninguna duda de trasladarse al mismo, hospedándose al principio en una fonda de la calle Derecha. "Guareña nos acogió bien, cuando llegaron mis tíos y mi padre, éste se alojaba en casa del cura López, decía la misa y se ponía a arar; entonces el mercado era en la Plaza Vieja donde se ponían todos los puestos", cuenta Ramón García, hijo de Eleuterio. Estos hombres, nacidos en un pueblo tan distinto como Medinilla y habituados desde niños a desplazarse de un lugar a otro, se adaptan rápidamente a las costumbres, al entorno y a los vecinos del pueblo, por lo que toman una decisión que cambió sus vidas: establecerse definitivamente en Guareña. "¡Nos quedamos aquí! ¿Dónde mejor?", debieron decirse. Y pusieron manos a la obra...

Trabajando muy duramente, en 1927 ya tienen el dinero suficiente para comprar a  Joaquín Murillo la casa de la calle D. Diego López, 19, frente a la librería que regentaba Sigifredo Fernández; casa muy bien situada, con vivienda familiar y grandes cuadras para el ganado, en la que los hermanos se quedan por largos períodos. "compran la casa que entonces costó 21.000 pesetas, tiene unos mil metros cuadrados, y gran amplitud de cuadras donde se guardaban más de 50 mulas", recuerda Ramón. Debieron ser años de una  actividad frenética, pues llegan a comprar mulas hasta Galicia, Asturias, Santander, Tolosa y Tortosa. Desde estos lugares las trasladan a Olivenza, Fregenal de la Sierra, Fuenteherido, Los Marines, Calarroza, Aracena, Guareña, y otros pueblos próximos, donde las venden en ferias o a particulares. "Compraban mulas a 40 reales, las transportaban en trenes hasta Casar de Cáceres o Zafra, dependiendo a qué pueblos irían, y después las vendían por 100 reales (25 pesetas) la mula", recuerda Ramón. ¿Cuántas mulas debieron vender en ferias y pueblos para comprar la casa nobiliaria de Guareña? Además, amplían y diversifican el negocio comprando, transportando y vendiendo tocino, aceite y patatas.

Eleuterio se casa con Brígida y se trasladan a vivir a Guareña junto con sus hijos los meses de invierno, desde octubre hasta junio. Ramón se casa con Luisa, y Ceferino con Eusebia, si bien estas dos últimas siguen viviendo en Medinilla.

"Los castellanos"

En estos años ya se les conocía en Guareña como "los castellanos" a estos tres varones, Eleuterio, Ramón y Ceferino. Compromiso, tesón, austeridad, dinamismo, confianza mutua y buen conocimiento de los negocios, eran cualidades imprescindibles que compartían los tres hermanos para prosperar económicamente. Tal fue el caso, que a la compra de la casa antes citada se le sumaron en años sucesivos un cercón en la calle Luis Chamizo, 144, algunas fincas, y otra casa de valor similar a la de Guareña, en Medinilla.

Durante la Guerra Civil la actividad decae y Eleuterio, que está en Guareña en Julio de 1936, le comunica a su familia en Medinilla su temor por el desarrollo de los acontecimientos. A pesar de tanta incertidumbre continúan los negocios compaginando  diversas actividades. Aparte de mantener la compraventa de mulas y aceite, entre 1937 y 1943 tuvieron un "puesto" en el Mercado de Abastos en el que vendían productos cárnicos, "puesto" que atendió Ramón junto con un carnicero contratado. En 1940, en la casa de la calle D. Diego López, alquilaron cuatro habitaciones de la esquina para una taberna que explotó el inquilino hasta 1953. También arriendan sucesivamente las fincas de Galapagar, Vistalegre, Las Cuartillas y Las Dieciocho para la explotación agrícola y ganadera. A esta última actividad se van incorporando los hijos varones de Eleuterio (Luis, Antolín, Ramón y Eleuterio), de Ramón (Eleuterio, Antolín, Simón y Domingo) y otros tres nietos de Antonino, hijos de Felisa: Julián, Cirilo y Ramiro. Todos ellos continúan con los negocios "a medias" hasta que los tres últimos regresan a Medinilla en 1946.

"Mis tíos Ramón y Ceferino, y mi padre, se dedicaron a la compra-venta de mulas, y nosotros, mi hermano Luis y mis primos Eleuterio, Antolín, Simón y Domingo, a la ganadería y a la agricultura; éstos últimos vinieron después de la guerra, yo tenía unos 7 años cuando estalló la contienda", relata Ramón. "Vendíamos cientos de cochinos criados en Vistalegre, en dos fincas a rentas de unas mil fanegas, una, a la solana, de José Triviño, y otra, a la umbría, de los Granda, teníamos cabras, ovejas churras, cochinos, lechones, y vacas; me acuerdo en la posguerra que los maquis bajaban de la sierra para comer y mi padre les daba algún animal..., yo tendría unos 17 años", describe Ramón. "En El Galapagar (Valdetorres) teníamos más explotaciones con ovejas merinas y vacas, después nos vinimos a Las Cuartillas y a Las Dieciocho donde sembrábamos trigo, cebada y avena, cultivos que nos obligaban", afirma Ramón.

Como disponen de productos cárnicos propios, entre 1937 y 1943, abren un "puesto" para venderlos en el Mercado de Abastos. Este puesto lo atendió Ramón junto con un carnicero contratado. Además, en 1940, en la casa de D. Diego López, alquilaron cuatro habitaciones de la esquina para una taberna que explotó el inquilino hasta 1953.

Ganado porcino

A partir de 1946, los tres hermanos deciden cambiar la compra-venta de mulas por la de ganado porcino, al entender que el "trato" con estos animales les iba a reportar mayores beneficios. Compran cerdos gordos en Guareña y los llevan a sacrificar a Guijuelo. También los compran "de vida" y los venden en ferias y a particulares en las zonas de Guareña y Barco de Ávila.

Con suficientes ingresos adquieren en este mismo año el cercón que ya tenían arrendado en la calle Arroyo, 104, para la crianza y estabulación de las piaras de cerdos.

Ceferino, el menor de los hermanos, muere sin descendencia en 1952, pero Eleuterio, con sus hijos, y Ramón, con los suyos, continúan los negocios "a medias". Eleuterio muere en 1954, a pesar de lo cual los hijos de éste no parten las propiedades con su tío Ramón hasta 1956. Las propiedades que tenían en Guareña se repartieron así: A los herederos de Eleuterio les correspondió la casa de la calle D. Diego López, 19, el cercón de la calle Luis Chamizo, 144, y algunas fincas; a Ramón le correspondió la casa de la calle D. Diego López, 21, el cercón de la calle Arroyo, 104, y algunas fincas. Hecho el reparto, algunos hijos de Eleuterio y de Ramón se quedan con sus familias a vivir definitivamente en Guareña: Luis, en alquiler desde 1949 hasta que compra una casa en la calle Luis Chamizo, 35; Ramón (quien relata la historia), desde 1956 en la calle D. Diego López, 19; y Antolín (desde 1956), Simón y Domingo (ambos desde 1962), en esta misma calle, número 21.

Toda una saga de los García, o "los castellanos", que, partiendo de Antonino en 1869, sus hijos Eleuterio, Ramón y Ceferino por los años 20 cuando negocian por Guareña y en el 1927 compran la casa nobiliaria y deciden instalarse definitivamente en el pueblo, hasta los nietos de aquél, Luis (fallecido), Ramón (el protagonista del relato de hoy, tiene 83 años), Antolín, Simón (fallecido) y Domingo (fallecido), han pasado 144 años, de los cuales cerca de un siglo "los castellanos" conviven con los guareñenses de una forma ejemplar como vecinos y trabajadores que supieron forjar su futuro en el arte del "trato" de la compra y venta de animales.

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